Quita hipotecaria: qué es y qué implica para tu préstamo
Tipos de quita hipotecaria: pago único con descuento vs plan de pagos reducido
La quita hipotecaria es un acuerdo entre el deudor y el acreedor. En este caso, el acreedor puede ser un banco, un fondo o una entidad que gestiona la deuda. Además, mediante este acuerdo, el acreedor acepta perdonar una parte del capital pendiente. De este modo, la deuda total se reduce y el pago final resulta más asumible. En la práctica, significa que pagas menos de lo que debes para cerrar la hipoteca o para dejar la deuda en un nivel asumible. No es una opción automática. Sin embargo, sí puede ser una solución real cuando existe riesgo de impago. Además, suele plantearse cuando el acreedor considera que la alternativa sería peor, por ejemplo, un proceso largo, costoso o con poca garantía de cobro.
Existen dos formas habituales de quita hipotecaria. En primer lugar, está el pago único con descuento (liquidación). En este caso, se acuerda una cantidad inferior al total pendiente. A continuación, ese importe se abona en un solo movimiento. De este modo, se cierra la deuda de forma inmediata. Esta opción suele ser más frecuente cuando el acreedor quiere resolver el expediente con rapidez. Además, también se plantea cuando ya existe un riesgo claro de impago. Por otro lado, es habitual cuando la deuda está en manos de un fondo, ya que estas entidades suelen preferir acuerdos rápidos. De este modo, pueden recuperar liquidez sin alargar la gestión. Además, este formato es especialmente interesante si el deudor dispone de un ahorro. Del mismo modo, puede ser viable si cuenta con una ayuda familiar. Por otro lado, también encaja cuando existe una posibilidad puntual de pago. De este modo, se puede afrontar el importe acordado sin alargar la deuda en el tiempo.
En segundo lugar, existe el plan de pagos con deuda reducida. En este caso, la entidad aplica una reducción del capital pendiente. A continuación, se establece un calendario para devolver el resto de forma progresiva. De este modo, la deuda se ajusta a un pago más asumible en el tiempo. Este formato suele utilizarse cuando el deudor no puede asumir un pago único, pero sí tiene capacidad para afrontar cuotas razonables a medio plazo. Por eso, en muchas ocasiones se combina con cambios de condiciones. Por ejemplo, puede incluir una ampliación de plazo. Además, también puede implicar un ajuste de cuota. Incluso, en algunos casos, se establece una carencia temporal. De este modo, el acuerdo resulta más viable y sostenible en el tiempo. De este modo, la quita no solo reduce la deuda. Además, también facilita que el pago restante se adapte a la realidad económica del deudor. Por tanto, el acuerdo resulta más asumible y coherente con su situación financiera.
Diferencia entre quita hipotecaria y reestructuración de hipoteca
Una quita hipotecaria implica una reducción directa de la deuda. Es decir, el acreedor perdona una parte del capital pendiente. De este modo, el importe final a pagar disminuye. Por tanto, el objetivo principal de la quita es bajar el total de la deuda. De este modo, el cierre del acuerdo es posible. Además, el pago restante resulta realmente asumible.
En cambio, una reestructuración de hipoteca no suele reducir el capital, sino que modifica las condiciones del préstamo para aliviar la carga mensual. Por ejemplo, puede incluir una ampliación del plazo. Además, puede contemplar un cambio en el tipo de interés. En otros casos, se aplica una reducción temporal de la cuota. Incluso, puede establecerse una carencia durante un periodo determinado. De este modo, se busca que el deudor pueda seguir pagando. Sin embargo, la deuda total no desaparece. Además, en algunos casos puede incluso aumentar. Esto sucede si el plazo se alarga o si se acumulan intereses.
Además, en la práctica, muchas entidades ofrecen primero una reestructuración porque es una solución menos costosa para ellas y mantiene el préstamo “vivo”. Sin embargo, cuando la situación económica del deudor es muy limitada o existe un riesgo claro de impago, la reestructuración puede no ser suficiente. En ese escenario, la quita hipotecaria se plantea como una opción más realista. Esto se debe a que permite reducir la deuda hasta un punto asumible. De este modo, el acuerdo puede llegar a ser viable.
Por eso es tan importante conocer la diferencia. Una reestructuración puede aliviar el corto plazo. Sin embargo, si no resuelve el problema de fondo, solo lo aplaza. En cambio, una quita busca cerrar o reducir de manera real la deuda. Entender esto te ayuda a negociar con criterio, comparar propuestas y evitar acuerdos que solo “patean” el problema hacia adelante.
Cuándo se puede negociar una quita hipotecaria con el banco
Situaciones en las que el banco puede aceptar una quita hipotecaria
La quita no se concede porque sí: normalmente aparece como solución cuando el acreedor entiende que es la forma más eficiente de recuperar parte del dinero. Por eso, suele ser más viable en contextos como:
- Dificultades económicas demostrables (desempleo, reducción de ingresos, incapacidad, enfermedad, separación).
- Riesgo real de impago o cuotas ya atrasadas, cuando la entidad ve que el cobro completo no será posible.
- Sobreendeudamiento que hace inviable mantener la hipoteca en las condiciones actuales.
- Deudas gestionadas por fondos o servicers, que en ocasiones negocian con más flexibilidad porque adquirieron la deuda con descuento.
Cómo conseguir una quita hipotecaria: pasos para negociarla
Cómo negociar una quita hipotecaria paso a paso
1) Diagnóstico completo de tu deuda
2) Análisis realista de tu capacidad de pago
3) Construcción de una propuesta viable y concreta
4) Negociación con el interlocutor correcto
5) Acuerdo por escrito y cierre legal
Conclusión
La quita hipotecaria es una solución real para reducir deuda y recuperar estabilidad, pero no es automática ni se obtiene con una simple solicitud. Depende de tu situación financiera. Además, influye la fase en la que esté la hipoteca. Por otro lado, también importa si la deuda la gestiona un banco o un fondo. Finalmente, la clave está en la calidad de la propuesta que presente.
Lo importante es entender que una quita no es un favor: es un acuerdo que tiene sentido cuando evita un escenario peor para ambas partes. Si tu hipoteca se ha convertido en un problema constante, actuar a tiempo puede marcar la diferencia. Además, preparar la documentación adecuada refuerza tu posición. Por otro lado, negociar con criterio aumenta las posibilidades de acuerdo. De este modo, puedes pasar de vivir con presión diaria a cerrar una etapa con una salida clara.
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